La
última noche que recuerdo entre tu cuerpo
fue
noche de tormenta, de estrellas, de aguacielo,
de
trasatlánticos inviernos, noche de enero.
Fue
noche de malecón, de alamedas,
de
oscuridades desiertas,
de
paseo, de lágrimas y caricias, de tu pelo.
La
última noche que pasé en tu cuerpo
fue
de amaneceres, de desvelada,
de
sinceridad de sábanas.
Y
la luz se hizo esa noche,
y
el mundo, y las galaxias, y todo y nada,
hasta
los sueños.
Se
hicieron las sonrisas y el tiempo,
estrellas
en tus ojos.
La
última noche que pasamos juntos
fue
de deambulares nubarrosos,
había
flores amarillas entre la arboleda,
y
preguntas, y pasos, y calles desiertas.
Fue
noche de promesas, de guardarnos,
de
cansancios agotados.
Fue
noche de fe, de fuego, de centellas,
de
cristales y de pétalos mojados.
Fue
noche de profeta, de espera,
de
tempestad a prueba.
Noche
de Dios, de amar, de amor , de amarte;
fue
noche de respuestas,
de
existencia, de edredones y de niebla.
Fue
noche de fe, de creernos y crearnos,
fue
noche de tu espalda, de tu cuerpo
de
mitad y fin de las distancias.
Fue
noche de café, de cómplices, de escapatorias,
fue
noche de lunas nuevas, de ecos, de deshoras.
Fue
noche de abrazar, del insomnio de tu piel quemada,
fue
noche de brisa, de humedad templada.
Fue
noche constelada de secretos,
de
astros, de extraviarse, de mis rezos.
La
última noche que pasé en tu cuerpo
fue
noche despeñada, de dulzuras, de almohadas,
fue
noche de universo,
noche
de labios, besos, cuerpos,
noche
de asfixiarnos el aliento.
La
última noche que pasamos juntos,
fue
noche de amar lento,
de
avenidas sin nombre, de fundirnos a tiempo;
de
azares, de destinos, de temblor y silencio.
La
última noche que pase en tu cuerpo
fue
la noche que nací completo.